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Entradas

Año Nuevo

Solo sucesión de segundos,  de los mismos de los que se llena la vida.  Continuidad y punto de partida. Es avanzar un tramo. Es pedagogía. Son folios en blanco al final de un cuaderno al que se van agregando hojas cada día.  Van numeradas de 1 a 365, pero la numeración es incompleta. El número definitivo solo se sabrá al acabarlo. … Y no podré numerarlo yo, alguien más lo hará por mí.
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Salir y volver

Volver a mirarnos, de frente, sin pantalla en la mano. Escudriñar las pupilas, salir del algoritmo,  y descifrar las almas. Volver a la mesa, al jardín, al salón. Tomarnos las manos, saltar ese charco, reírnos sin parar. Dejar la red, el ave, la cara, la imagen, la historia de otros. Volver a nuestra vida, a nuestros anhelos, mirar la gota de agua que cae. Y quedarnos ahí...

Siempre la lluvia...

¿Por qué la lluvia tiene el extraño poder de escarbar en la memoria y sacar los recuerdos? ¿Por qué las gotas deslizándose por la ventana van recorriendo los años? ¿Por qué su olor fundido con la tierra activa los sensores de la alegría y de la nostalgia a la vez?  Recuerda a casa con su patio, a mamá, a infancia y hermanos remojados persiguiendo el barquito de papel que se dejó abajo de la acera, a merced de la corriente… o a guasanas lanzadas a las llantas de los carros para brincotear al oírlas explotar...  A hermanos que ahora son celestiales, a sus consejos, su presencia y a los últimos momentos...  Recuerda a café -de olla-, a verde, a tardes y conversaciones, a subidas por montañas y caminatas por ciudades, a amores primeros y a amor definitivo... ...a infinito en cada gota.

Lección

Por fin pudimos hacer ese viaje tan deseado a Tierra Santa. El viaje suponía un reto porque mi madre tenía 75 años, dolor de rodillas, y los lugares estaban llenos de subidas, bajadas y calles resbaladizas; así que le dije a mamá que la llevaría del brazo todo el tiempo para ayudarla. Así fue los diez días.  El último día, rumbo al aeropuerto, yo la llevaba tomada del brazo y, al dar un paso en un escalón mojado, caí por la escalera golpeándome la espalda; ella me sujetó con  fuerza y no solo no cayó, sino que me levantó. Quienes vieron la escena, entre risas nerviosas, solo me preguntaron ¿quién ayudaría a quién? Pues ella, como siempre en mi vida.

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Gracias por la voz de mi padre y el canto de mi madre. Gracias por mis niños, mis hermanas y hermanos, mis ahijados, mis sobrinos... Gracias por él, por su amor, detalles y ternura.  Gracias por la amistad, por los años de sabiduría y de seguir descubriendo que hay tanto por aprender. Gracias por los que me miran desde el cielo y te hablan de mí. Gracias por los mensajes escritos, por las voces y palabras, por los rostros, sonrisas y miradas. Gracias por las personas con las que alguna vez he coincidido y aún sin frecuentarlas siguen ahí. Gracias por el Amor, por poder ser testigo distante pero presente del más grande Don.  Gracias por quienes elevan a Ti su voz por mí.  Gracias por la nueva oportunidad de ser, de estar, de compartir. Gracias por el silencio, por el hueco en el corazón que nunca en vida será llenado y me hace consciente    de que soy caduca y que soy eterna.   Gracias porque el reloj ha llegado más allá de la mi...

La distancia

Pudiera pensar en la lejanía física,  en la tristeza por la separación, en kilómetros que dividen, en el solo recuerdo, en la nostalgia, en el olvido… Pero si veo la distancia como algo sombrío  pierdo la oportunidad de crecimiento,  de fortalecer mi alma. La distancia no son los kilómetros existentes entre la tierra y la luna, si no la posibilidad de llegar a ella. No es la oscuridad de la noche, sino la espera gustosa de la alborada. No es la impresionante altura de la montaña, sino el descanso sereno al llegar a la cima. No es la inmensa longitud del océano, sino la belleza de su profunda inmensidad. No es el frío que congela la cara, sino el viento que la refresca. No es llorar por lo gris del invierno, sino reír por el colorido de la primavera por venir. No es lo largo de los días, sino lo corto de cada segundo. No es la tristeza de la soledad, sino la alegría del encuentro personal.  No es la n...

Como pedir es gratis...

Si de pedir se trata, yo pido morir de enfermedad, pero de una corta y no dolorosa. Ya lo sé, ¡no quiero nada!  Aún más, pido  sonrisas diarias,  agradecimientos constantes,  asombro permanente,  charlas tranquilas y debates enriquecedores. Pido abrazos, besos, bailes, canciones,  compañía y diferencias solucionadas. Pido conocer lugares nuevos y descubrir a su gente,  diferente, con sus costumbres y cultura. Pido lunas y soles diarios.  Meteoritos ocasionales y estrellas visibles.  Pido agua, pasto y flores, viento frío y días calurosos. Pido lluvias torrenciales y atardeceres en calma. Pido articulaciones y músculos, pido piel y cabello,  pido visiones, música y sonidos,  pido disfrutar de cosas sabrosas y de ricos aromas,  pido deleitarme al palpar texturas. Pido correr un maratón, volar en parapente,  lanzarme de un paracaídas, subir una montaña,  sortear los causes de...