Gracias por la voz de mi padre y el canto de mi madre.
Gracias por mis niños, mis hermanas y hermanos, mis ahijados, mis sobrinos...
Gracias por él, por su amor, detalles y ternura.
Gracias por la amistad, por los años de sabiduría y de seguir descubriendo que hay tanto por aprender.
Gracias por los que me miran desde el cielo y te hablan de mí.
Gracias por los mensajes escritos, por las voces y palabras, por los rostros, sonrisas y miradas.
Gracias por las personas con las que alguna vez he coincidido y aún sin frecuentarlas siguen ahí.
Gracias por el Amor, por poder ser testigo distante pero presente del más grande Don.
Gracias por quienes elevan a Ti su voz por mí.
Gracias por la nueva oportunidad de ser, de estar, de compartir.
Gracias por el silencio, por el hueco en el corazón que nunca en vida será llenado y me hace consciente de que soy caduca y que soy eterna.
Gracias porque el reloj ha llegado más allá de la mitad de la esperanza de vida...
...Y que esta alegría y esperanza de vivir como carne emocional y terrena -que puede acabar mañana- no sofoque, sino aliente mi esperanza de espíritu trascendente y anhelante de Ti.
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