Ir al contenido principal

La distancia



Pudiera pensar en la lejanía física, 
en la tristeza por la separación,
en kilómetros que dividen,
en el solo recuerdo,
en la nostalgia,
en el olvido…

Pero si veo la distancia como algo sombrío 
pierdo la oportunidad de crecimiento, 
de fortalecer mi alma.

La distancia no son los kilómetros existentes entre la tierra y la luna,
si no la posibilidad de llegar a ella.
No es la oscuridad de la noche,
sino la espera gustosa de la alborada.
No es la impresionante altura de la montaña,
sino el descanso sereno al llegar a la cima.

No es la inmensa longitud del océano,
sino la belleza de su profunda inmensidad.

No es el frío que congela la cara,
sino el viento que la refresca.

No es llorar por lo gris del invierno,
sino reír por el colorido de la primavera por venir.

No es lo largo de los días,
sino lo corto de cada segundo.

No es la tristeza de la soledad,
sino la alegría del encuentro personal. 

No es la nostalgia por el paso en esta tierra,
sino la esperanza del encuentro con Lo Eterno.

Es el deseo del abrazo que será saciado,
el anhelo del beso que será dado,
la espera de la palabra tierna que será dicha,
de la caricia que será brindada,
de los momentos felices con la persona amada.

Fructifica entonces la distancia y
procura -algunas veces- distanciarte voluntariamente
de ti mismo, de las cosas y personas 
y así, acercarte y asirte felizmente
a Quien las distancias destruye para siempre.
x

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Siempre la lluvia...

¿Por qué la lluvia tiene el extraño poder de escarbar en la memoria y sacar los recuerdos? ¿Por qué las gotas deslizándose por la ventana van recorriendo los años? ¿Por qué su olor fundido con la tierra activa los sensores de la alegría y de la nostalgia a la vez?  Recuerda a casa con su patio, a mamá, a infancia y hermanos remojados persiguiendo el barquito de papel que se dejó abajo de la acera, a merced de la corriente… o a guasanas lanzadas a las llantas de los carros para brincotear al oírlas explotar...  A hermanos que ahora son celestiales, a sus consejos, su presencia y a los últimos momentos...  Recuerda a café -de olla-, a verde, a tardes y conversaciones, a subidas por montañas y caminatas por ciudades, a amores primeros y a amor definitivo... ...a infinito en cada gota.

Lección

Por fin pudimos hacer ese viaje tan deseado a Tierra Santa. El viaje suponía un reto porque mi madre tenía 75 años, dolor de rodillas, y los lugares estaban llenos de subidas, bajadas y calles resbaladizas; así que le dije a mamá que la llevaría del brazo todo el tiempo para ayudarla. Así fue los diez días.  El último día, rumbo al aeropuerto, yo la llevaba tomada del brazo y, al dar un paso en un escalón mojado, caí por la escalera golpeándome la espalda; ella me sujetó con  fuerza y no solo no cayó, sino que me levantó. Quienes vieron la escena, entre risas nerviosas, solo me preguntaron ¿quién ayudaría a quién? Pues ella, como siempre en mi vida.