Pudiera pensar en la lejanía física,
en la tristeza por la separación,
en kilómetros que dividen,
en el solo recuerdo,
en la nostalgia,
en el olvido…
Pero si veo la distancia como algo sombrío
pierdo la oportunidad de crecimiento,
de fortalecer mi alma.
La distancia no son los kilómetros existentes entre la tierra y la luna,
La distancia no son los kilómetros existentes entre la tierra y la luna,
si no la posibilidad de llegar a ella.
No es la oscuridad de la noche,
sino la espera gustosa de la alborada.
No es la impresionante altura de la montaña,
sino el descanso sereno al llegar a la cima.
No es la inmensa longitud del océano,
sino la belleza de su profunda inmensidad.
No es el frío que congela la cara,
sino el viento que la refresca.
No es llorar por lo gris del invierno,
sino reír por el colorido de la primavera por venir.
No es lo largo de los días,
sino lo corto de cada segundo.
No es la tristeza de la soledad,
sino la alegría del encuentro personal.
No es la nostalgia por el paso en esta tierra,
sino la esperanza del encuentro con Lo Eterno.
Es el deseo del abrazo que será saciado,
el anhelo del beso que será dado,
la espera de la palabra tierna que será dicha,
de la caricia que será brindada,
de los momentos felices con la persona amada.
Fructifica entonces la distancia y
procura -algunas veces- distanciarte voluntariamente
de ti mismo, de las cosas y personas
y así, acercarte y asirte felizmente
a Quien las distancias destruye para siempre.
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