Salir por la mañana y ver esa
nube gris, casi lila, que corta el cielo azul profundo que apenas despierta.
Ver ese contraste de luces y sombras, reflejo de esperanza y oportunidades y de todo lo que se dejó atrás con la noche que se va.
Ese árbol que parece ser negro al tener los primeros rayos del sol a su espalda.
Al lado, la farola con su amarilla luz tenue que dentro de poco será apagada.
Al fondo solo una estrella.
El viento emite un silbido casi imperceptible, pero deja sentir a tu cuerpo que a su temperatura le falta el calor del sol.
Respiras y huele a verde, el pasto que fue cortado el día anterior te regala su aroma.
Ver ese contraste de luces y sombras, reflejo de esperanza y oportunidades y de todo lo que se dejó atrás con la noche que se va.
Ese árbol que parece ser negro al tener los primeros rayos del sol a su espalda.
Al lado, la farola con su amarilla luz tenue que dentro de poco será apagada.
Al fondo solo una estrella.
El viento emite un silbido casi imperceptible, pero deja sentir a tu cuerpo que a su temperatura le falta el calor del sol.
Respiras y huele a verde, el pasto que fue cortado el día anterior te regala su aroma.
Estás ahí -solo- sintiendo, contemplando, asombrado por
todo lo que ves.
Sientes tus pies, se mueven y te
hacen correr, te llevan por aquel camino trazado ya. Sientes tu respiración,
tus pulmones llevan aire y lo expulsan para que tus pies puedan seguirte
llevando.
Tú solo te asombras, disfrutas la carrera matutina y agradeces poder estar ahí.
Tú solo te asombras, disfrutas la carrera matutina y agradeces poder estar ahí.
Estás vivo, sano, puedes ver, oír, respirar por ti mismo, mover tus
pies y manos, puedes correr, puedes pensar y disfrutar.
Eso es la vida.
Das gracias y regresas a encontrarte con el
resto de novedades y sorpresas que se te regalarán ese día.

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